Esta fue otra de esas salidas con las que no contábamos desde el principio. No la organizamos nosotras, pero nuestra supervisora, Sandra, recurrió a nosotras porque necesitaban de nuestro apoyo.

Todos los años la Iglesia cristiana "El Encuentro con Dios", ubicada en la loma de los Balsos y a la que pertenece nuestra supervisora Sandra, organiza en diciembre una fiesta de navidad muy grande para niños de diferentes fundaciones, organizaciones, confraternidades, etc. Dentro de estas participa claramente la confraternidad donde estamos haciendo nuestro proyecto CAS. Es una fiesta donde se pasa todo el día rotando por diferentes estaciones: inflables, juegos múltiples, pintacaritas, pintapelo, etc; y donde además se les da a los niños el almuerzo y el algo y finalmente se les da un aguinaldo de parte de alguien que los "apadrina".


Personalmente, me encantó esta visita, en primer lugar porque se salía de lo que siempre habíamos planeado que eran las clases de Inglés, en segundo lugar porque pudimos aprovechar un espacio verde, al aire libre y muy grande y en tercer lugar porque sentí que realmente pude ayudar en donde me necesitaban. Además, una cualidad que puedo resaltar de mi grupo es la creatividad (que de hecho es un componente de la sigla CAS), lo cual pudimos aprovechar y "activar" al máximo en la estación de las pintacaritas. Al final, todos los niños quedaron felices con lo que les hacíamos. Aunque a todas nos puso muy feliz ver a todos los niños disfrutando de las actividades, nos puso aún más ver a todos con los que habíamos trabajado durante todo un año y sentir unos lazos ya muy fuertes que se hacen evidentes incluso fuera de la confraternidad.


Es además muy gratificante ver que tanta gente de afuera contribuye a este tipo de eventos con tanta generosidad, pues los niños de la confraternidad no recibieron regalos solo de parte del colegio con el programa del árbol de los deseos, sino también de personas que "apadrinaron" a un niño mediante la Iglesia donde se hizo la actividad.

Este encuentro fue una vez más una prueba de el impacto que cualquiera de nosotras puede tener, haciendo parte de una acción tan simple como pintar caras o dirigir unos juegos múltiples. El cambio se da realmente cuando se toma la decisión de aportar, de entregarme cuando me necesitan y cuando me dispongo en todos los sentidos a dar lo mejor que tengo para dar. Otro aspecto a resaltar es que esta visita se hizo en un día de vacaciones. Aunque a muchas de nosotras reaccionamos con pereza y dudábamos si participar o no del evento, decidimos participar. Es aquí cuando más hay que tener determinación y entender que el esfuerzo que tenemos que hacer nosotras es mínimo si se compara con el de muchas otras personas que se entregan completamente y es importante saber que la ganancia y la gratitud se muestra al final, después de haberles hecho el día mejor a muchísimos niños. Creo que invirtiendo tiempo en los demás es una de las mejores maneras de invertir el mío.
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